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Madrid, 20 de febrero de 2012

Justicia Social, una realidad alcanzable a la que no debemos renunciar

Hoy 20 de febrero, se conmemora el Día Mundial de la Justicia Social. Se trata de una de las muchas fechas marcadas en el calendario para recordarnos que vivimos en un mundo en el que los derechos humanos, sociales y económicos deben ser extensibles a todas las personas sin excepción

Bien es cierto, que la realidad nos brinda una imagen muy diferente en la que la mayor parte del planeta sigue sin poder disfrutar de estos y otros derechos, al mismo tiempo que la pobreza aumenta y las desigualdades sociales se hacen más visibles.

La pregunta que se plantea es si con Justicia Social seríamos capaces de transformar el mundo en otro totalmente distinto, en otro mejor y más igualitario.

Si tenemos en cuenta la fundamentación que ofreció la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2007, momento en el que se proclamó el 20 de febrero como fecha para conmemorar este día mundial, posiblemente diríamos que sí.

Se consideró que la 'justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera” y que constituye 'el núcleo de su misión global para promover el desarrollo y la dignidad humana'. Así mismo, las Naciones Unidas explicaron que las actividades que se desarrollen con motivo del Día Mundial de la Justicia Social deben orientarse en “erradicar la pobreza y promover el pleno empleo y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social para todas las personas'

Parece evidente por tanto, que los conceptos en torno a los que gira la idea de Justicia Social son: la erradicación de la pobreza, la igualdad social y de oportunidades, el fomento de los derechos humanos, sociales, económicos y laborales y la eliminación de barreras por parte de los Estados para que la existencia humana sea realmente así, entre otros.

¿Existe la Justicia Social?
Las organizaciones sociales, entre ellas, Cruz Roja trabajamos día a día para reducir la vulnerabilidad de las personas, y en nuestras acciones se encuentra inmersa la exigencia de una verdadera voluntad política que garantice un cambio de sociedad. Y lo hacemos porque sabemos que a día de hoy, la Justicia Social no existe o no es plena, pero también tenemos claro que existen los recursos económicos, tecnológicos, políticos y sociales necesarios para conseguirla.

Por estos motivos, consideramos de vital importancia participar en los procesos de cambio social de forma comunitaria, con la presencia de todos los colectivos, agentes e instituciones. Porque no es posible transformar el mundo sin espacios de debate y consenso, sin diálogo y reflexión, sin participación y acciones conjuntas, y sin tener claras las cosas que nos unen, y no las que nos separan.

El impacto del desempleo en la vulnerabilidad social
Según el Instituto Nacional de Estadística en España hay un total de 5.273.600 personas paradas. En este contexto, parece evidente que el desempleo es uno de los principales problemas que afrontar en nuestro país, ya que está generando un aumento de la vulnerabilidad social. Además, como se ha indicado anteriormente, la Justicia Social intenta promover el pleno empleo y el trabajo decente. Por este motivo, nos centraremos brevemente en este asunto.

La pregunta que planteamos ahora es ¿Se está intentando realmente lograr esta situación por parte de los Estados?

Inevitablemente para ilustrar esta nueva reflexión, tenemos que hacer referencia al Boletín Anual sobre Vulnerabilidad Social 2010, en el que se analiza el impacto del desempleo en la vulnerabilidad social.

En este informe se contempla que la coyuntura económica de los países de la OCDE, los llamados 'países ricos', ha sido caracterizada como una 'recuperación sin empleo', aludiendo a cómo la lenta recuperación de la crisis económica se está produciendo con un gran desequilibrio en el mercado laboral. Además, de las altas tasas de desempleo, se agrava una creciente dualización del mercado de trabajo con la existencia de un amplio segmento de empleo precario, temporal y escasamente remunerado y de un segmento más reducido de empleo estable, especializado y de alta cualificación.

Las causas del desempleo que recoge el informe son: una estructura productiva concentrada en sectores de bajo potencial de crecimiento de empleo, la economía sumergida que crea un mercado de trabajo paralelo, el funcionamiento del mercado de trabajo y los efectos de las políticas de empleo, un sistema educativo que está desajustado con respecto al mercado laboral, la brecha salarial de género y el fuerte peso de las responsabilidades familiares.

Como es lógico esta situación de fuerte desempleo tiene unas notables consecuencias, que hacen borrosas nuestras posibilidades de alcanzar la Justicia Social.

Una de ellas es la reducción de la renta e incremento de la pobreza en las familias. De acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida (octubre 2010, los datos de la encuesta de 2011 aún son provisionales), el 58,6% de los hogares españoles no llega a fin de mes. A estos datos negativos se suma la baja protección de las familias mediante políticas sociales, tal y como señala el Informe del Tercer Sector de Acción Social (2010).

Por otro lado, se perciben mayores problemas aún para acceder al empleo por parte de grupos o colectivos que ya tenían dificultades: mujeres, jóvenes, mayores de 45 años, personas con discapacidad, miembros adultos de familias monoparentales y numerosas, y población de origen extranjero.

Otra consecuencia, importante es la crisis de vivienda y exclusión residencial. El acceso a una vivienda digna es un derecho fundamental recogido en nuestra Constitución, y un factor clave para garantizar la Justicia Social. Sin embargo, el desempleo y la caída de las rentas familiares dan lugar a un aumento de las situaciones de sinhogarismo.

Las principales consecuencias sociales de los embargos de inmuebles se derivan de las condiciones que fija la actual legislación y jurisprudencia en materia hipotecaria: pérdida de los inmuebles que pasan a manos de los bancos y cajas de ahorro; embargo de los bienes de titulares y avalistas e incorporación a listados de morosos hasta que liquiden los saldos pendientes adeudados y exclusión residencial.

Y otra de las consecuencias que nos afectan muy de cerca es la crisis asistencial, debido a que la presión de mayores demandas se canaliza a las entidades del Tercer Sector de Acción Social y a los Servicios Sociales, cuyos recursos son insuficientes. Además, la recesión y el ajuste presupuestario, unidos al crecimiento constante de la demanda asistencial, ponen en peligro las capacidades de desarrollar una asistencia intensa durante un tiempo prolongado.

Y no podemos olvidar, la presión de Europa a través del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que conduce a una creciente austeridad fiscal; la crisis de Grecia, Irlanda y Portugal; el alto endeudamiento de la economía española y la falta de unidad política y consenso para salir de la crisis, que han generado un profundo malestar social y político.

La voluntad política e implicación de la sociedad civil
La búsqueda de la Justicia Social, la defensa de los Derechos Humanos y el acceso a los recursos para satisfacer las necesidades básicas de las personas, deben ser una prioridad y compromiso indiscutible de los gobiernos y Estados, que no se desatienda precisamente en los momentos más difíciles; y una exigencia continua por parte de la ciudadanía.

Las personas como partes integrantes de una sociedad y ciudadanía global, podemos y debemos involucrarnos en promover la justicia social y en la consecución de un mundo más solidario y equitativo.

Es posible que no siempre encontremos la forma de actuar o de canalizar nuestras ganas de movilización, de protesta y reivindicación. A veces, es fácil identificar lo que no nos gusta, pero no tanto la forma de cambiarlo. Por ello, a través de estas líneas hacemos las siguientes propuestas:

- Exige a tus representantes políticos a través de los mecanismos democráticos, que se involucren en la consecución de la Justicia Social y que cumplan los compromisos adquiridos para erradicar la pobreza extrema.

- Participa en campañas, movilizaciones, reivindicaciones y recogida de firmas, que consideres que persiguen la Justicia Social.

- Colabora con colectivos comprometidos en la cooperación, el medio ambiente, la defensa de los derechos humanos o el cambio social.

- Infórmate de lo que ocurre en el mundo, sus causas y propuestas, y difúndelo en tu entorno.

- Consume con responsabilidad, consciente del coste humano y ambiental de los productos que compras. La ciudadanía tenemos el poder de incidir en las prácticas que las empresas llevan a cabo, a través de la compra o no de sus productos.

- Valora y defiende los derechos de los que ya disfrutamos para que no se vulneren y se hagan extensivos al resto del mundo.

Todas estas acciones no tienen otro objetivo que la búsqueda del bien común. Y la clave no es otra que conseguir la igualdad social para que todas las personas podamos disfrutar de una vida digna. Porque como decía Platón 'buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro'.

Aunque aún quede un largo camino por recorrer, no podemos perder de vista que la Justicia Social es una meta alcanzable, con la que podemos seguir soñando y a la que no debemos renunciar.


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