María Jesús González - Técnico del Programa de VIH/SIDA
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María Jesús González es técnico del programa de VIH/SIDA desde hace diez años, al oírla hablar es fácil darse cuenta de que le apasiona lo que hace en su trabajo aunque también es consciente de las dificultades a las que se enfrenta para lograr los objetivos de este programa. Para ella, lo más bonito es creer en las personas con las que trabaja y ayudarles para que salgan adelante.
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P - ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en el programa de VIH?
R – Desde hace diez años. El programa VIH/SIDA comenzó en la Comunidad de Madrid con el proyecto de Casa de acogida en 1991, que es en el que empecé yo más tarde.
P - ¿En qué consiste tu trabajo? R – Me encargo de coordinar y realizar intervenciones en los cuatro proyectos que forman este programa que son: Prevención a la población general VIH/SIDA, Apoyo psicosocial a menores VIH/SIDA, Apoyo psicosocial a personas adultas VIH/SIDA y Casa de acogida a enfermos de VIH/SIDA.
P - ¿Cuál es el objetivo más importante que se persigue con este programa? R – Sobre todo romper el estigma social que existe en la sociedad con los participantes de este programa y el hacer que las personas conozcan las vías de transmisión de la enfermedad para evitar cualquier tipo de riesgo. Pero de forma general, se intenta que una persona que esté infectada lleve una vida lo más normal posible.
P - ¿Con qué tipo de profesionales contáis para desempeñar vuestras tareas? R – Contamos con psicólogos/as, trabajadores/as y educadores/as sociales, monitores/as y una cocinera en la casa de acogida.
P- ¿Qué es lo qué más te gusta de tu trabajo? R- Lo que más me gusta y apasiona es la intervención directa con los participantes del programa porque creo que puedo aportar una serie de estrategias para que eleven su autoestima, que es en los campos en los que más hay que trabajar, ya que tienen una percepción infravalorada de sí mismos. Creer en ellos y ayudarles a salir adelante es lo más bonito.
P - ¿Qué es lo que menos te gusta?
R – Observar y comprobar como en la parte social no se ha evolucionado tanto como en el sector médico farmacéutico. En el día a día ves como las personas infectadas por el VIH continúan teniendo miedo a ser abandonados social y afectivamente por su enfermedad. Con otras enfermedades existe la comprensión y el apoyo de la gente; sin embargo a estas personas no se les ve como al resto de los enfermos. Hay un silencio y una soledad a la que se enfrentan y que además tú tienes que verlo. Se trata de un rechazo “gratuito” que podría evitarse porque si tú sabes como se contagia la enfermedad y cómo evitarla, ¿dónde está el problema? Lo complicado en este tema no es la falta de información si no que hace falta que la gente se la crea. Se da por hecho que todo el mundo sabe mucho y entonces hay desconocimiento. Es llamativo porque parece que lo tenemos todo superado y no es verdad. Se continúan con los mismos prejuicios y asociando el VIH/SIDA con drogodependientes y homosexuales, cuando no siempre es así.
P - ¿Qué importancia tiene el papel del voluntariado dentro de este programa?
R – El papel del voluntariado es fundamental, sin ellos no se podría hacer ni la mitad de lo que se realiza ahora mismo. Los voluntarios desempeñan dentro de este programa varias tareas: acompañamiento, ocio y tiempo libre. Sin ellos no podríamos tener la intervención biopsicosocial que tenemos. Pero también es cierto, que se trata de un programa algo frustrante, ya que no es un trabajo en el que veas los resultados a corto plazo, se trabajo mucho y es necesario tener una conciencia paciente.
Pero en definitiva, el voluntario es una persona especial, no son héroes, pero el hecho de que sean capaces de dedicar parte de su tiempo a otras personas es digno de valorar. Y muchas veces, ellos mismos no se dan cuenta de la importancia que tiene la tarea que desempeñan y el trabajo que realizan con los participantes.
Por otro lado, los técnicos de la institución dan continuidad a su trabajo, se trata de que ambas partes trabajen como un equipo.